El atardecer tiene una luz mágica, pero no sólo eso, es uno de los mejores momentos para fotografiar a los animales, unos porque salen de sus "escondrijos" a buscar comida, y otros, como estos licénidos que os enseño, porque, al igual que el sol, se despiden hasta la mañana siguiente, posándose a descansar. Espero que os gusten...

 

Y estas últimas luces del día también son testigos de los que quizás sean los últimos pastores que cuidan sus rebaños en viejas masías, abocadas al abandono, esperemos que esta forma de vida sea capaz de aguantar el empuje de la globalización.

 

Saludos